En defensa de la profesión

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Aquellos que en su día decidieron emprender el camino de la formación en protocolo, hace más de quince años, poco o nada conocían sobre el futuro y las auténticas salidas laborales que podía depararles esta profesión. Frente a ellos se planeaba un mundo marcado por la ausencia real de personal técnico competente capaz para asumir tareas en organización de eventos o retos relacionados con las relaciones institucionales. Solo la voluntad suplía las carencias que podían surgir día a día en instituciones o en empresas privadas. La llegada de titulaciones, amparadas por la universidad, daban carta de crédito a la formación que de este modo comenzaba a utilizar una base metodológica para preparar a sus alumnos. La experiencia no era suficiente para garantizar un resultado excelente.

De manera paralela parecía surgir un movimiento, básicamente institucional, que comenzaba a potenciar el término protocolo. Nunca antes se había vivido un fenómeno similar, el vocablo estaba de moda y adquiría enjundia sin saber, en la mayoría de los casos, a qué se refería. Todo parecía tener sentido si se hablaba de la mesa o de los modales, temas absurdos y que poco espacio ocupaban en la formación de una titulación propia que aspiraba a ser oficial. Mientras tanto las instituciones obviaban esta titulación a la hora de contratar personal, siendo asumido por cargos de libre designación y solo la iniciativa privada dejaba hueco a estos profesionales. El escenario, a día de hoy, poco ha cambiado.

 La aprobación del grado en Organización de Eventos, Protocolo y Relaciones Institucionales suponía ya el paso decisivo para dar crédito a la profesión. La formación en comunicación, ha sido otro de los pilares que han incrementado el valor de la titulación. Aun así, el desconocimiento traza la marca de esta titulación y seguimos asistiendo a ofertas de trabajo en las que para un departamento de protocolo piden titulados en Relaciones Públicas o periodistas, por desgracia seguimos siendo los grandes desconocidos.

¿Saben de la importancia de la organización de eventos como generadores de marca? Posiblemente sí, pero se ignora que existen profesionales capaces de llevarlos a cabo con total precisión, expertos multidisciplinares que pueden garantizar resultados y que de momento son invisibles.

La constitución de una asociación que aglutine a todos los graduados –AGOEPRI– tiene como objetivo garantizar los derechos de los mismos a la vez que pretende luchar por implementar su presencia en el mundo empresarial y en la administración pública. La puesta en marcha de un colegio profesional debería ser el culmen para defender los intereses profesionales de los colegiados.

Unirnos contra el intrusismo, apostar por la meritocracia, fomentar la práctica ética de esta profesión –de momento invisible– debería ser la hoja de ruta de los profesionales de la Organización de Eventos, Protocolo y Relaciones Institucionales. Conseguirlo…un reto común.

Concha Maestre

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